Tercer jinete, la Flojera.
El terrible jinete de la flojera es la falta de motivación para hacer una actividad; es abusar del confort, es el desgano a pesar de la enorme capacidad que tienes para hacer y lograr cosas. Y también es entrar en una zona de confort donde has empezado a sentir comodidad con lo logrado hasta el momento, piensas que no necesitas más, y la flojera de conquistar nuevos retos o hacer crecer tu nombre te invade sin darte, muchas veces, cuenta.
Una persona floja es alguien que NO hace lo que tiene y debe hacer, ya no digamos por la obligación de apoyar a una organización, sino que NI por sí misma se ayuda a crecer. No le importa y desdeña, con frecuencia, la actividad que se le pide, o que él mismo sabe que tiene que hacer, y no lo hace porque prefiere seguir descansando o por estar en su zona cómoda.
Y no es necesario ser flojo por naturaleza y continuamente, sino que en ocasiones, somos flojos ante ciertas actividades porque implican ESFUERZO y aplicación de TALENTO, mismos que ante el gran reto invaden la mente y nos quitan las ganas de hacer. Vemos muy lejos el final de algún proyecto y nos da flojera empezar. Craso error.
Es normal sentir un ligero golpe de incomodidad ante los proyectos que nos demandarán esfuerzo y talento, pero no debemos permitir que la terrible flojera de iniciarlos, hacerlos y terminarlos nos arrase, porque de permitirlo JAMÁS haremos algo en nuestra vida, ya no digamos trascendente, sino mínimo necesario para vivir dignamente.
Levántate e inicia tus trabajos. Hacer tu tarea escolar, desarrollar tu tesis universitaria, desahogar tu agenda de pendientes, escombrar tu habitación, iniciar tu plan de negocio, empezar tu maestría, leer un clásico de la literatura universal, escribir tu primer ensayo, impartir una clase universitaria de todo un semestre, preparar tus diapositivas, formar personas de bien, leer todos los días el períodico, ir a negociar con un cliente a Tijuana, terminar tu Informe final de labores, estudiar para un examen importante, construir tu propio imperio empresarial, conquistar nuevos mercados, terminar de escribir tu libro que dejaste pendiente, ir a ver a tu novia todos los días (hasta Tlalnepantla, Cuernavaca o Tecámac), remodelar tu oficina, ahorrar sin gastar para tu viaje a Roma y NY, entre otras actividades, cierto, muy cierto, dan una tremenda flojera, nadie dice lo contrario.
Pero piensa esto ¿Cómo te iría en la vida si dejas de hacer todo eso? ¿Te sentirías contento? ¿estarías cómodo? ¿Ya pensaste y visualizaste si todo el tiempo estuvieras acostado o tomando una cerveza? ¿Estar cómodo es todo en la vida?
La verdad es que yo prefiero equilibrar mis actividades entre el confort y la acción continua. El descanso y la comodidad son necesarias, pero no debes exagerar con ellas porque se convierten en flojera y parálisis; el desgano llega en ocasiones, déjalo estar un rato, es normal, pero pasado un corto tiempo desbarátalo.
Me quedo hasta aquí y la próxima semana, primero DIOS, te estaré diciendo algunas tácticas para vencer, todos los días, a la terrible flojera. Sigue trascendiendo, nunca pares!






