La premisa general que despliego en este artículo es que la empresa es el único ente generador de riqueza en una economía de mercado; es su unidad básica de convivencia, y su existencia está sólo precedida por la creatividad, pasión y talento aplicado de un emprendedor. Por eso hay que fomentar la creación de empresas.
Si esta premisa tuviera la relevancia que por sí misma ya tiene, pero ahora para con las autoridades políticas de una comunidad, la función gubernamental de impulsar la creación de empresas sería fundamental y estaría a la par de cuidar el ambiente, generar empleos y asistir la política social (combate a la pobreza, fomento a la educación, salud y seguridad). Sin riqueza generada los gobiernos no tendrían de donde recaudar dinero, y por ende no tendrían recursos para atender las demandas de una sociedad necesitada de apoyos urgentes.
Pero generalmente en los Gobiernos (y el del D.F. no es la excepción) se da preeminencia y prominencia a la función del gasto (ésta es visible, así como vendible a los medios y al ‘pueblo’), no a la función de ingreso; y la única manera de tener dinero para gastar, es primero tener los medios para ingresarlo (y el impulso a las empresas es una excelente estrategia para hacerlo). Es de lógica, pero cuesta mucho trabajo hacerle ver esto a una autoridad.
Cabe aclarar que la NO creación de empresas se debe a las propias restricciones de las personas, no a la falta de apoyos gubernamentales; sin embargo, un poco de desregulación y una política de fomento empresarial desde el Gobierno no estaría de más, así la falta de pasión, empuje y talento de las personas podrían combatirse.
Restricciones más comunes para la apertura de negocios desde el Gobierno del D.F.
1. Desconocimiento y abandono del tema por parte de las autoridades.
· Nunca han sido empresarios y no conocen las necesidades de esta actividad (falta de sensibilidad y entendimiento).
· Se fijan más en la parte del gasto que en la fuente del ingreso.
2. Cargas y porcentaje fiscal innecesario (Código Fiscal del D.F.).
· Impuesto sobre nóminas. 2.5% sobre el monto total de las erogaciones realizadas por concepto de remuneraciones al trabajo personal subordinado. ¡Un impuesto por pagarle a la gente! ¡Un impuesto por invertir en fuentes productivas! Aberración.
· Impuesto predial (suelo y construcciones).
· Derecho al cobro de agua (líquido vital utilizado).
· Otros impuestos y derechos (más de 100).
3. Excesivo número de trámites (Ley de Establecimientos Mercantiles del D.F.). Dos ejemplos.
· Solicitud de permiso para la operación de establecimientos mercantiles con giro de impacto vecinal (formato con más de 17 requisitos).
· Solicitud de Permiso para la operación de establecimientos mercantiles con giro de impacto zonal (formato con más de 22 requisitos).
4. Tarifas para los trámites.
· Tan sólo el permiso de impacto vecinal y el permiso de impacto zonal tienen un precio de $8,100,00 y $16,130.00 respectivamente.
· El impuesto predial, en su pago bimestral va de los $151.00 hasta los $45,362.00.
5. Tiempos de respuesta. Dependiendo del tipo de trámite, pero por la cantidad de requisitos que se necesitan para llenar los formatos establecidos (y anexarles copia de documentos), va de los 15 a los 60 días. No dejarnos engañar por lo que dicen los portales del GDF de que en 5 días hábiles tenemos respuesta.
Y esto es para empezar, en la siguiente entrega profundizaré sobre otro tipo de restricciones existentes en las leyes, códigos y trámites que impiden la apertura de un negocio.
Un empresario podría hacer un esfuerzo y pagar, gestionar y terminar con esta serie de escollos, pero un emprendedor… ‘por la libre, o nada’.
¿O acaso alguien en su sano juicio cumplirá con todos los trámites y pagos que pide el GDF para abrir un negocio? Es pregunta, ¡eh! Nos vemos pronto y sigan trascendiendo y emprendiendo.






