Como finalicé en mi entrega anterior, insisto en que el miedo es una fuerte sensación destructiva que paraliza cada uno de nuestros sentidos. Para dominar tal sensación es necesario recurrir a técnicas sencillas y/o tan avanzadas como lo requiera tu caso.
Cierra los ojos y velo. Visualizarte dos meses después ya sin el miedo y logrando lo que deseas ayuda mucho. Aspira y disfruta verte mentalmente venciéndolo.
Júntate con personas de éxito. Ellas han vencido al miedo hace mucho y disfrutan enfrentar nuevos retos (que tú llamas miedo) porque saben que al aceptar las apuestas, ganarán, y ganando irán por nuevas metas que les provocarán mucha felicidad.
Enfrenta directamente al problema. No postergues lo que te da miedo, planifica cómo lo vencerás, repásalo y hazlo. Cuando enfrentas las cosas pasan más rápido de lo que te imaginabas. ¡Y no pasó algo!
Estudia, prepárate, ve las cosas friamente. El conocimiento desata en nosotros una verdadera sensación de poder, hace que descubramos nuevas cosas, que sepamos mejor de varios asuntos y eso elimina instantáneamente todo miedo.
Ama lo que te rodea. Aunque parezca cursi (no lo es), el miedo se disipa cuando amamos algo o a alguien. Y amar es sentir profundamente un afecto por la vida, mismo que derribará el miedo a niveles ínfimos. Amar es entregarnos al asunto con gusto y pasión; eso produce placer, el placer vence todo miedo.
Desbarata el apego que le tienes a las cosas o personas. A diferencia de amar, apegarnos es colocarnos una atadura tal que terminará por ahorcarte porque el apego es necesidad extrema, y nada merece que sientas esa necesidad porque entonces pierdes dignidad y libertad, ambas cosas necesarias para vivir feliz, contento y sin miedos. Deja que las cosas fluyan, nada te pertenece, sólo tu vida misma.
Acude con un especialista o charla con un amigo. Cuando las cosas no marchan bien y sientes que por ti mismo no saldrás adelante, no hay como acudir con alguien más. Recibir terapia no es malo, es necesario en el punto en que la ansiedad y la depresión son tan gigantes como tu fe, voluntad de hacer y felicidad. También platicar los miedos con un amigo puede disiparlos, él te ayudará escuchando atentamente (y me refiero a un verdadero amigo, de esos a quienes les da gusto tan solo verte).
Bueno, esas son algunas técnicas y consejos que yo te doy, pero lo más importante para vencer los miedos es la seguridad y autoconfianza que tengas tú, en tus capacidades, cualidades y en tus fuertes deseos de trascender.
Segundo jinete, la Pena.
Apenas me dará tiempo de tocar este punto en esta entrega, pero será suficiente para decirte que este es el más tonto de tus jinetes. Nadie se está fijando en lo que haces o dejes de hacer, y si lo están haciendo es su problema, no el tuyo. Así que deja el complejo de ser visto y de que te vean fracasar los otros, de que te digan que ‘así no se hace’ o de que ‘lo haces muy mal’ porque si fuera sencillo hacerlo, entonces ellos lo estarían llevando a cabo. La pena es el jinete que nos detiene por estar pensando más en el posible rídiculo y las ‘criticoneadas’ de los demás, que en lo que realmente queremos nosotros. Nadie nace siendo especialista. Ya ampliaré mis comentarios en la próxima entrega. ¡En tanto, ten una fructífera semana y sigue trascendiendo!






