¡Quiero mejor educación! ¡Exijo mejores maestros! ¡Queremos mejores trabajos y oportunidades! ¡Luchemos contra el imperio y los vendepatrias!
Así vociferaba Telmo Anastasio, alumno de una escuela rural en Amecameca. Y entonces un compañero suyo le recordaba: -Oye Telmo, no te olvides de gritar que cómo queremos eso, mañana cerraremos la escuela, no dejaremos que entren los maestros y destruiremos las tiendas que están en la autopista-.
Ante una extraordinaria e incontrovertible paradoja como la anterior, no queda sino abrir un frente más en la lucha por hacer de México un país de primer mundo. Y esa lucha es confrontar a los ‘sin razón’, tan extraordinariamente manipulables por ideas llenas de resentimiento.
Pero no son los únicos a quienes debemos frenar. En el otro bando están los gobernantes incapaces de mantener el estado de derecho, un orden social y crear las condiciones mínimas necesarias para que los particulares generemos riqueza, y luego la repartamos.
Las condiciones actuales me recuerdan mucho a mis tiempos de estudiante universitario en la UNAM, cuando en 1999 estos mismos grupos (autoridades incapaces y rijosos desestabilizadores profesionales) se enfrentaron llevando a la máxima casa de estudios a la inanición. Y allí también los combatimos a ambos porque si los dejábamos en su lucha nefasta por detentar y defender su coto de poder, la UNAM hoy no existiría.
Es sencillo ver la lógica. Son grupos poderosos, bien financiados, extraordinariamente organizados, politizados hasta la médula y que pueden hacerse daño mutuamente, lo cual no estaría mal esperando se destruyesen entre sí, lo preocupante y que a personas como a mí nos molesta, es que afectan a la gran mayoría que trabajamos y lideramos equipos eficientes de trabajo, estorbándonos y destruyendo lo que tanto nos cuesta edificar: riqueza, que a todos podría sacarnos de hoyo.
Un estudiante con dinero para pagar sus libros y viáticos; un obrero con un salario que le alcance para alimentar a su familia y divertirse; un campesino con insumos y apoyos para labrar la tierra; un oficinista con un sueldo suficiente para vivir tranquilamente; ejecutivos y profesionistas con honorarios para alcanzar sus aspiraciones; empresarios e inversionistas con emolumentos necesarios para continuar el crecimiento de sus empresas; gobernantes con remuneraciones suficientes para vivir en una digna medianía acorde a su respetable función, sería la vía y no veo otra. Cada uno tendría lo que quiere y desea, y tendría la plataforma para ir por más. La sana ambición no es mala, es lo que hace crecer a un ser humano, a una familia, a una sociedad, a un país entero.
Con un país generando riqueza para todos, y gozándola todos, no importaría la protesta, ya no cabría, quizá desaparecería. O mejor dicho, se haría inteligente. Sí, la protesta sería inteligente, valdría la pena, ya no sería por migajas sino por crecer y mejorar.
Lo que hoy está pasando en México es por falta de valores, por falta de acuerdos y por falta de generar riqueza económica. Unos se comen todo (avaricia). Otros comen nada (pobreza extrema). Unos más se creen la conciencia nacional y destruyen todo sin proponer algo (no saben, no pueden). Y unos más son los peores de todos: son los apáticos y conformistas.
Cambiando lo anterior, mejora México. Ayúdanos a hacerles entender esto. ¡Confío en ti y adelante!
Te deseo un extraordinario martes. Nos vemos dentro de una semana primero DIOS, y por favor, no dejes de tomar acciones que te hagan trascender!!!






